Michel Foucault: el filósofo y sus máscaras

Michael Foucault Las máscaras del filósofo

Michel Foucault fue (es) un filósofo incómodo. Aunque no comulgó directamente con ninguna escuela de pensamiento fue acusado de estructuralista, posmoderno y relativista. Aunque mantuvo una larga relación con Daniel Defert siempre se resistió a identificarse públicamente como gay. Y aunque su trabajo mantiene una sólida estructura teórica, no dudó en reconocer lagunas en sus reflexiones y reformuló pasajes enteros de su apuesta intelectual. Recién publicado el primer volumen de su «Historia de la sexualidad» (1976) afirmó sin reparos: «con este libro no he querido decir: «esto es lo que pienso» ya que todavía no estoy seguro de lo que he avanzado».

El suyo es un discurso de límites que no se abandona a la ingenuidad de creerse a salvo de las redes de poder existentes. De ser, tal vez, producto mismo de ese poder. Pero que, aún así, no cesa en la loable tarea de separar el pensamiento «libre» del pensamiento constrictor de una época y de un lenguaje en cuyo interior se piensa.

Foucault pareció tener claro que no se podía nacer en el siglo de Wittgenstein y Heidegger y desentenderse del lenguaje. Así, en esa cumbre filosófica que es «Las palabras y las cosas» (1966) buscó en lo pensado mismo una experiencia de orden de una época. Acceder a lo no dicho en lo dicho resultó el hilo conductor de su trayectoria intelectual. El filósofo francés se planteó: ¿qué orden de cosas y de palabras hace aceptable que percibamos a los sujetos como cuerdos o locos, como sanos o enfermos, como honrados o delincuentes o como sexualmente normales o depravados?. Ese es el camino recorrido desde «Historia de la locura» (1961) hasta la «Historia de la sexualidad» (1976) pasando por «El nacimiento de la clínica» (1963) y «Vigilar y castigar» (1975).

Michel Foucault
Foucault on fire! / Cuirhaus

El pensador galo reflexiona sobre el sexo y nos apunta que no es nuestra dimensión más verdadera (como pretenden que nos creamos) ni tampoco es ninguna esencia. El sexo es una categoría ficticia catalizada por el incesante discurso montado socialmente a su alrededor. El cuerpo no está sexado por naturaleza. Se sexualiza mediante procesos culturales que utilizan el mecanismo de producción de la sexualidad para imponer y perpetuar determinadas relaciones de poder.

La rima asonante de Michel Foucault

Aplicando su trabajo histórico al seno de la sociedad victoriana decimonónica, Michel Foucault nos demuestra cómo en el siglo XIX no se tejió un velo de censuras y silencios en torno al sexo. Todo lo contrario. Se habló desaforadamente de sexo y ya nunca se calló. La importancia de todos aquellos discursos en la configuración de lo que hoy entendemos por sexualidad y en el tratamiento de la homosexualidad fue tremenda. El poder (entendido como una vasta red de relaciones y ejercicios de la que todos formamos parte) vistió de connotaciones jurídicas y médicas la relación entre dos personas del mismo sexo y constituyó un significante de gran proyección simbólica para controlar y marcar de manera estratégica a cierto tipo de individuos y de actividades.

«Lo que perturba no es que dos personas del mismo sexo follen. Lo que molesta es que se quieran porque eso cortocircuita todo el dispositivo de leyes, reglas y costumbres que alumbran a las instituciones»

El autor de la «Genealogía del racismo» rechaza la concepción subsidiaria de resortes legales y cientificistas y entiende la homosexualidad como una tecnología de autotransformación, de un trabajo llevado a cabo sobre nosotros mismos para inventarnos, para convertirnos en alguien al que no esperábamos jamás. Por eso para Foucault la homosexualidad no es una forma de deseo sino más bien algo deseable porque a través de ella se establecen, multiplican e inventan toda una trama de relaciones que nada tienen que ver con las marcadas institucionalmente.

¿Qué implicaciones siguen a esta visión de la homosexualidad? Comenzamos a vislumbrar por qué la sociedad heteronormativa se afana en presentarla como una forma de placer inmediato y oculta (con premeditación) el afecto, la amistad o la ternura que aflora en una relación entre dos hombres o dos mujeres. Lo que perturba no es que dos personas del mismo sexo follen. Lo que molesta es que se quieran porque eso cortocircuita todo el dispositivo de leyes, reglas y costumbres que alumbran a las instituciones. Por eso, según el filósofo, lo que más molesta de la homosexualidad no son los homosexuales ni los actos sexuales sino el «estilo de vida» gay.

Las relaciones gays no tienen códigos ni líneas de conducta establecidos tal y como las entiende Michel Foucault. Suponen una contínua transformación. De los individuos que participan en ellas (que se replantean nociones tan definidas en una relación heterosexual convencional: fidelidad sexual, posesión…) y de las mismas relaciones que siempre son caminos sin mapas.

Amores lesbianos afectos Michel Foucault
©Norbu Gyachung / Unsplash.

Frente a los que intentan confundir homosexualidad con moral laxa, Foucault (en ello trabajaba cuando le sorprendió la muerte) apuntó cómo esas relaciones no institucionalizadas podían dar lugar a una cultura y una ética. Al producir nuevas posibilidades de amor y formas originales de relacionarse (que impactan de pleno en la diana epistemológica ya que devienen nuevos modos de conocimiento), la homosexualidad es una ocasión histórica para aportar virtualidades relacionales y afectivas. No por las cualidades intrínsecas del homosexual (Foucault no es tan ingenuo, hay miles de formas de ser homosexual) sino por la posición transversal que ocupa el gay en el tejido social.

Y cabe pensar que las nuevas tramas de sociabilidad, las dinámicas y cambiantes maneras de relacionarse a las que están adscritos los homosexuales no se circunscribirán únicamente a ellos. Mostrarán originales facetas a los heterosexuales que no le siguen el juego a la norma restrictiva y opresiva.

Para Foucault el cuerpo es una superficie en la que la historia ha esculpido valores culturales determinados. Erotizándolo, radiografiamos los límites históricos que nos han sido impuestos y vislumbramos la posibilidad de traspasarlos. Enmarcados en ese momento de su pensamiento, la apología que el filósofo hace del sadomasoquismo, el considerar el fist fucking como una suerte de yoga anal o el apostar por la ejecución de «desordenados» ejercicios sexuales, devienen (por encima de los malintencionados intérpretes de su obra) oportunidades de barrenar las concepciones instituidas de la normalidad y la sexualidad.

Adentrarse en las páginas que forman el corpus de este autor francés es, ante todo, una incitación a reestructurar la propia cosmovisión del mundo y una oportunidad de desterrar para siempre las etiquetas, las clasificaciones y las nociones sexuales que al ser artificiales están sujetas a revisión constante.

Qu’est-ce qu’un auteur?


Las tres grandes biografías de Foucault son aproximaciones diametralmente distintas a su vida y a su trayectoria intelectual. Aunque por afinidad él hubiese estado más orgulloso del personaje que le brindó Hervé Guibert en «Al amigo que no me salvó la vida» (Tusquets, 1991), estas son las tres caras diferentes del poliedro galo:

La Pasión de Michel Foucault de James Miller

«La pasión de Michel Foucault» de James Miller

(1993; Tajamar Editores, 2018)

Crónica veraz, escandalosa y sensacionalista sobre un filósofo que gustaba de prácticas sadomasoquistas. Así recibió la crítica más reaccionaria esta biografía.

Si bien es cierto que la actitud poco pudorosa de James Miller (la recreación en las descripciones de los interiores de las saunas californianas, los detalles del fist fucking…) sirve a los miopes de coartada idónea para el ataque, la virtud de «La pasión de Michel Foucault» radica en la búsqueda de nexos entre la vida del filósofo y el desarrollo de su pensamiento.

Entendiendo estos dos aspectos como complementarios, Miller los engarza en el cuerpo de una apasionante tarea intelectual y existencial. Biografía pasional y mitológica salpimentada con LSD, orgías y noches de cuero. GUSTAVO FORCADA


Las Vidas de Michel Foucault de David Macey

«Las vidas de Michel Foucault» de David Macey

(1993; Cátedra, 1994)

Biografía cimentada sobre un ingente trabajo de documentación. La compilación de datos efectuada por David Macey nos muestra la honestidad de un autor que, a pesar de su amplio conocimiento, siempre ofrece al lector la posibilidad de entender los hechos desde diferentes perspectivas.

«Las vidas de Michel Foucault» expone impecablemente las ideas del pensador francés pero, al contrario que en la obra de James Miller, pasa de puntillas por sus vicisitudes personales. GUSTAVO FORCADA


Didier Eribon Michel Foucault

«Michel Foucault» de Didier Eribon

(1989, Anagrama, 1992)

Primera de las grandes biografías que aparecieron sobre Foucault (Gallimard la publicó en Francia en 1989), la obra de Eribon -colaborador y discípulo del filósofo francés- supone un estudiado ejercicio de reconstrucción histórica.

Buceando entre infinidad de fuentes, entrevistándose con gran parte de la intelectualidad gala que trató con Michel Foucault y desdeñando la importancia de algunos episodios de la vida del pensador, Eribon consigue dibujar un retrato sólido del autor de «Historia de la sexualidad».

Totalmente recomendable para quien quiera rastrear el itinerario intelectual de Foucault, la obra de Eribon es considerada como el fresco «oficial» de las intrigas académicas, los escarceos con los medios de comunicación y los desafíos de uno de los grandes pensadores del siglo XX. CANDELA ROMÁN

· Imagen de cabecera: Michel Foucault / Portada volumen 1 de «Historia de la Sexualidad» (Siglo XXI) / Diseño de pikisuperstar / Freepik


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