Los granos de arena de Ryōsuke Hashiguchi

Like Grains of Sand Ryosuke Hashiguchi

Acababa de descabezarse la década de los 90 del siglo XX cuando Ryōsuke Hashiguchi -un joven cineasta japonés recién salido de la Osaka Arts University– batió récords de taquilla con su ópera prima: una modesta producción (rodada en 16 mm) que por primera vez en el celuloide asiático otorgaba el protagonismo pleno a un personaje homosexual.

«A touch of fever» (Pia & Pony Canyon, 1993) se convertía (hoy es un auténtico film de culto entre los adolescentes nipones) en el acicate de una escena independiente relegada hasta entonces en Japón a destellos aislados. Y en el revulsivo de una comunidad gay que, agazapada entre un imaginario occidental que no acababa de comprender, encontró en Ryōsuke Hashiguchi un punto de referencia.

Like Grains of Sand Ryosuke Hashiguchi
© Composición con un fotograma de «Like grains of sand» (Toho Company, 1995) / Cuirhaus / Freepik

Ryōsuke Hashiguchi: Japón, bandera rosa

En 2002, aquel muchacho descastado, presenta su tercer largometraje («Hush») en la Quinzena de los Realizadores de Cannes. Fiel al empaque sereno de su director y con el «Yi Yi» de Edward Yang respirando en muchos planos, «Hush» es el retrato esperanzador de una amista y un amor triangular que reformula (con el nuevo siglo) el concepto mismo de familia y sociedad. Mas bien los diluye para que no se acaben nunca de fijar.

Pero entre esas dos películas, el director nipón rodó en 1995 «Nagisa No Shindobaddo» (Like grains of sand). La historia, extrañamente cercana a pesar de la distancia, de un atribulado despertar a las constantes vitales que dinamizan la adolescencia. La impronta certera de quien se sabe abocado al fracaso en una relación.

Variante de las highschool movies pero diametralmente opuesta a sus parámetros manidos, «Like grains of sand» supone una sofisticada vuelta de tuerca a los engranajes de los cuentos envenenados de realidad

Tanto se implicó Hashiguchi en ella (firma también el guión: «al fin y al cabo, hacer una película no es más que crear un autorretrato») y tal fue la inmejorable respuesta de la crítica especializada (ganó premios en los festivales de Rotterdam y Turín) y del público (la producción se convirtió en un moderado éxito de taquilla) que Ryōsuke Hashiguchi tardó siete años en involucrarse de nuevo con el oficio de hacer películas. Aterrado ante la posibilidad de no poder contar nada más. Pensando que ya lo había dicho todo. Cierto que en «Nagisa no Shindobaddo» si no todo, bastante dijo. Y de manera fluida.

Nagisa No Shindobaddo
© Composición con un fotograma de «Like grains of sand» (Toho Company, 1995) / Cuirhaus / Freepik

En «Like grains of sand», Shuji Ito (Yoshinori Okada) es un joven estudiante de secundaria que queda fascinado por el chico más popular y guapo del instituto: Yoshida (Kouta Kusano), un compacto gañán acostumbrado a alimentar su ego con los sueños húmedos que provoca. Pero incapaz de digerir las nuevas sensaciones que se le avecinan.

Vértigo de frustaciones, inercia de miradas esquivas, la noria de los sentimientos de los dos amigos alcanza velocidad de crucero cuando llega a la ciudad Aihara (personaje interpretado por Ayumi Hamasaki -a día de hoy una popular popstar japonesa pero en aquella época prácticamente desconocida-), una magnética adolescente que amparada en una honestidad e inteligencia poco común para su edad desestructura y zarandea los asideros emocionales de ambos muchachos. También los suyos propios.

Variante de las highschool movies pero diametralmente opuesta a sus parámetros más manidos, «Like grains of sand» supone una sofisticada vuelta de tuerca (merced, en buena medida a unos diálogos que tienen la rara virtud de decir mucho más de lo que en un principio creemos) a los engranajes de los cuentos envenenados de realidad.

· Artículo publicado originariamente en el fanzine Mobo( en abril de 2002 ·


Ryosuke Hashiguchi Icono Queer

«Nagisa no Shindobaddo / Like grains of sand (Ryosuke Hashiguchi, 1995)»

Ryōsuke Hashiguchi firmó «Like grains of sand» dos años después de compartir públicamente que era gay. Dos años en los que el mismo director afirmó que su campo de visión se había ampliado hasta límites insospechados. Desde que se estrenó en los cines de Japón han pasado 27 años pero todavía cuesta encontrar una aproximación tan sincera y afilada a los problemas, las emociones y las alegrías que cuartean la adolescencia de un joven muchacho gay. Película de culto (pocos afortunados la vieron en algún festival o en DVDs llegados de París) que merece una edición en español, a «Like grains of sand» le sobra encanto para convertirse en un instant crush. GUSTAVO FORCADA


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