Howard Cruse: las texturas del arte

Howard Cruse Entrevista Cuirhaus

Howard Cruse asomó la cabeza en el panorama de la historieta de principios de los setenta con «Barefootz», una tira cómica diaria que gozaría de mayor desarrollo en los volúmenes compilados por la editorial Kitchen Sink Comix.

Después pasaría a centrarse en el relato afilado de la vida cotidiana de una pareja gay, dibujando quizá la más audaz e inteligente historieta que haya capturado los entresijos diarios de la vida homosexual en pareja («Wendel»). Sus tiras aparecían regularmente en las páginas del magazine gay norteamericano «The advocate» y suponen, en perspectiva, un documento artístico impagable. A través de las euforias y tensiones de la relación entre Wendel y su chico Ollie, Howard Cruse trazó el perfil de todo un tiempo (finales de los 70 y mitad de los 80) en el que las concepciones médicas y jurídicas todavía enfangaban a la homosexualidad.

En 1980, Howard Cruse acepta dirigir una publicación underground donde se reunían viñetas que trataban de captar la realidad homosexual: «Gay Comix», punto de referencia ineludible en la historia de la viñeta marica.

«Sacar a relucir mi realidad gay en mi obra fue liberador en el plano personal y tuvo un reflejo en mis cómics: se tornaron narrativamente más compactos. Quise alentar a autores y autoras gays y lesbianas a experimentar la misma clase de exitación. «Gay Comix» fue mi manera de hacerlo».

Howard permaneció al frente de la revista durante cinco números y realizó una variada producción para ella. «Dirty Old Lovers» o «Billy Goes Out» son algunas de las series que cobijó entre sus páginas.

Stuck Rubber Baby Mundos Diferentes
©Howard Cruse. «Stuck Rubber Baby (Mundos diferentes)».

Desligado de su cometido en «Gay Comix», el maestro de Alabama siguió elaborando ilustraciones para varios magazines hasta que apenas iniciados los años noventa del siglo pasado decidió volcarse en una historia descomunal: «Stuck Rubber Baby». Una novela gráfica estremecedora sobre el descubrimiento y asunción de la homosexualidad en mitad del Sur de los EE.UU. en los años sesenta del siglo XX. De una belleza estilística desconcertante (cada página esta dibujada y entintada desde un principio tal y como va a aparecer en el cómic sin utilizar viñetas separadas e insertadas a posteriori) y cargado de interesantes apuntes sobre el carácter poliédrico de la condición humana, «Stuck Rubber Baby» se gestó durante cuatro años.

Howard Cruse: el legado de los pioneros

Hablamos con Howard Cruse en una conversación cruzada de correos electrónicos:

Aunque ya habías desarrollado cómics como «Barefootz» o «Wendel» empezamos a conocerte a principios de los 80 como fundador y primer editor de «Gay Comix». ¿Qué suposo «Gay Comix» a nivel personal?

Mi objetivo al lanzar «Gay Comix» (y el de Denis Kitchen, su edior original que no era gay) fue el de ofrecer un marco en el que dibujantes gays pudiesen retratar de forma sincera su perspectiva vital. Al mismo tiempo brindábamos la oportunidad a lectores homosexuales de leer historietas paridas por personas con vidas similares a las suyas. Incluso si se trataba de ilustraciones apegadas al género fantástico (los funny animals de Joe Sinardi, por ejemplo) siempre buscaba historias con un marcado carácter emocional, relatos que apelaran a la vida real.

Que yo sepa, la primera antología previa a «Gay Comix» enfocada hacia la homosexualidad nació bajo los auspicios de Larry Fuller («Gay Heart Throbs Series»). Larry tuvo el mérito de romper el hielo pero sus trabajos no se aventuraban más allá del sexo, lo camp y el escándalo. Yo pretendía que las viñetas compiladas en «Gay Comix» se adentraran en ámbitos más personales.

¿«Gay Comix» alentó a una nueva generación de dibujantes a tratar su diversidad sexual de manera más abierta en sus composiciones?

Es innegable que durante la década de los 80 hubo una eclosión del cómic gay en EE.UU. Dicha eclosión pudo haber sucedido perfectamente sin «Gay Comix» pero modestamente creo que contribuimos a ella. Antes de que apareciesen «Gay Comix» o las obras de Mary Wings («Come out comix» y «Dyke Shorts») o Roberta Gregory («Dynamite Damsels») muchos vieñetistas gays asumieron -como también hice yo al principio- que nuestras experiencias homosexuales tendrían que mantenerse al margen de nuestras tiras si queríamos dotar de viabilidad económica a nuestros dibujos.

Pero el énfasis de la escena underground por dejar que la realidad gay saliera a la superficie comenzó a resquebrajar mis determinaciones al respecto. Sacar a relucir mi realidad gay en mi trabajo fue liberador en el plano personal y tuvo un reflejo en mis cómics: se tornaron narrativamente más compactos. Quise alentar a autores y autoras gays y lesbianas a experimentar la misma clase de exitación. «Gay Comix» fue mi manera de hacerlo.

Entrevista a Howard Cruse
©Howard Cruse. Mundos inabarcables.

Tenías previsto emplear dos años para concebir «Stuck Rubber Baby» pero el proceso se alargó dos más con el consiguiente esfuerzo econónico, físico y psicológico. Aún así, o precisamente por ello, ¿lo consideras tu experiencia artística más intensa?

Sí. Aunque me vi obligado a realizar algunos pequeños trabajos como ilustrador, la mayor parte del tiempo lo empleé escribiendo y dibujando «Stuck Rubber Baby». Hasta el momento sigue siendo la experiencia cumbre de mi carrera en cuanto a esfuerzo creativo se refiere. Si pudiera involucrarme regularmente de un modo tan apasionado con un grupo de personajes tan interesantes sería muy feliz.

Cuirhaus Cómic Queer
©Howard Cruse. Toland apuntando al corazón.


«Stuck Rubber Baby» parece atravesada por un sano escepticismo y nos enseña a movernos en la incertidumbre. A primera vista que en EE.UU. la editase DC Comics (la casa de Superman) podría parecer paradójico pero no es difícil considerar a algunos de los personajes de tu obra como superhéroes: gente con el poder de ensanchar la visión del mundo de los demás.

Efectivamente es improbable que conozcamos a alguien con superpoderes. Pero si prestamos atención a nuestro alrededor quizá tengamos la suerte de encontrarnos con personas como Harland o Anna Dellyne Pepper. Gente corriente que posee autoridad moral y llega a ser poderosa. He conocido algunas personas así y han cambiado la incrédula visión que tenía sobre la habilidad de la gente común para mejorar el mundo.

Al principio del cómic, Toland está (como la mayor parte de nosotros) inmerso en la cultura materialista. Es introvertido, cínico y a causa de su baja autoestima no reflexiona mucho sobre sí mismo. «Stuck Rubber Baby» plasma cómo descubre que existen otras maneras mejores de vivir que, claro está, conllevan riesgos y requieren grandes sacrificios.

Normalmente lo mejor del mundo y de nosotros mismos está enmarañado con errores humanos y cobardía moral. No es fácil clasificarlo todo. Incluso el reverendo Pepper admite que una parte de él querría ver a los perros policías apedreados. Ni el racismo ni el odio quedan totalmente purgados de nuestra mente porque nos son inculcados muy temprano, antes de que sepamos cómo defendernos de ellos.

«Son las ambigüedades de la vida y su variedad de matices las que aportan textura al arte y lo hacen suficientemente interesante como para meditar sobre él durante mucho tiempo».

Pero si abrimos bien los ojos podemos aprender a reconocerlos por lo que son y superarlos al sustituir las formas de vida obsoletas por otras más nuevas y humanas. Son las ambigüedades de la vida y su variedad de matices las que aportan textura al arte y lo hacen suficientemente interesante como para meditar sobre él durante mucho tiempo. Vivir durante años en el universo de «Stuck Rubber Baby» nunca fue aburrido ya que la complejidad moral y los desafíos brotaban a cada instante.

Stuck Rubber Baby
©Howard Cruse. Página 4 de «Stuck Rubber Baby (Mundos diferentes)»


«Stuck Rubber Baby» muestra cómo la injuria deviene una clave importate en la percepción que un gay tiene de sí mismo y de su posición en el mundo. ¿Cómo ves, recién inaugurado el siglo XXI, el nivel de homofobia de la sociedad?

No sé cómo están las cosas en España pero en EE.UU. la homofobia sigue muy activa. La gran diferencia respecto a mi juventud es que ahora hay bastantes individuos preclaros, gays y lesbianas, que se posicionan frontalmente contra ella. La vida es un poco mejor gracias a ellos pero su actividad pública no sirve de nada contra los homófobos que rondan las calles, predican desde los púlpitos y hacen leyes en los centros de poder. Queda mucho trabajo por hacer.

· Artículo publicado originariamente en el fanzine Mobo( en junio de 2001 ·

Nuestro lugar en el mundo


Portada Stuck Rubber Baby

Stuck Rubber Baby (Mundos diferentes)

(Astiberri, 2016)

Traducción: Diego García

En la primera página de «Stuck Rubber Baby (Mundos diferentes)» aparecen dos viñetas que nos sitúan magistralmente en los acordes emocionales y artísticos que van a constituir la unidad armónica de las más de doscientas hojas restantes. Por una parte un sonriente J.F. Kennedy pasea de la mano de Jackie. Por otro lado, un autobús en llamas se consume mientras una enfurecida multitud eleva pancartas intimidatorias contra la población negra.

EE.UU., años 60. Tolland Polk, un joven abriéndose al mundo, indaga en sus pulsiones homosexuales justo en esa otra orilla: Clayfield, ciudad sureña (inexistente pero retratada con tanta riqueza como el condado de Yoknapatawpha de Faulkner) convulsa y dividida en pleno movimiento a favor de los derechos civiles.

Historia de conflictos (personales y sociales), «Stuck Rubber Baby (Mundos diferentes)» conjuga tras cada línea de tinta fluidez formal y emoción contenida en una muestra inequívoca no ya solo del virtuosismo de Howard Cruse sino de su habilidad para descifrar los resortes narrativos que disparan la conmoción y la fascinación. El ruido y la furia.

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  • Howard Cruse | Web
  • Imagen de cabecera: Composición a partir de un autorretrato de Howard Cruse publicado originariamente en Mobo( y extracto de la portada de «Stuck Rubber Baby».


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