BOYS! BOYS! BOYS!, Instagram y el silencio

Boys! Boys! Boys! Instagram

Promover la fotografía artística queer y gay con una visión global (sus más de 65 fotógrafos representados provienen de 30 países distintos en algunos de los cuales la comunidad LGTBIQ+ sufre dramáticas agresiones) y con un gusto exquisito cincelado por los numerosos años como galeristas y amantes del arte de sus fundadores. Ese es el objetivo de boysboysboys.org. Un proyecto web ideado por The Little Black Gallery con exhibiciones mensuales consagradas a algunos de los fotógrafos más interesantes y sugerentes de hoy en día. La galería londinense capitaneada por Tamara Beckwith y Ghislain Pascal ha edificado en medio de la pandemia un espacio cultural espectacular cuyas extensiones impresas (la revista fotográfica bianual BOYS! BOYS! BOYS! se ha convertido en todo un fenómeno) han gozado de una impresionante aceptación crítica y popular. Y cuyo perfil en Instagram (@queer_art_photography) se ha convertido en un punto de referencia para el diálogo entre artistas y público edificando un área de descubrimiento constante.

Campaña Reactivación Boys! Boys! Boys!
© Campaña para reclamar la activación de la cuenta de Instagram @queer_art_photography

Lamentablemente y sin motivo aparente Instagram ha cerrado la cuenta de @queer_art_photography. Cuando escribimos estas líneas ya lleva una semana desactivado y sus impulsores no han recibido ninguna explicación al respecto. Pero este cierre no es nuevo. Quince días antes Instagram ya deshabilitó el perfil de «la casa de la fotografía queer y gay» reactivándolo dos días después alegando un lamentable error. Sus más de 14.000 seguidores pudieron disfrutar de nuevo de sus aportaciones hasta que la pesadilla se materializó otra vez a principios de febrero.

conceptos como pornografía, homofobia, puritanismo, salud mental, normatividad… se entrecruzan vertiginosamente en un magma crítico y teórico que se inocula en el arte contemporáneo con una arrogancia pasmosa

Tamara Beckwith y Ghislain Pascal han lanzado en la cuenta de Instagram de su galería londinense una campaña (que puedes compartir en tus posts o historias) para que la red social dirigida por Adam Mosseri habilite de nuevo el perfil de BOYS! BOYS! BOYS!. Y han publicado una carta abierta remitida al máximo responsable de Instagram y a Mark Zuckerberg (presidente de Meta) demandando alguna aclaración y conminándoles a activar de nuevo @queer_art_photography.

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Aparte del grave impacto que esta invisibilidad supone para las obras de los fotógrafos que conforman @queer_art_photography y de la gran repercusión negativa para sus economías, la sombra de la censura y el espectro de «algo más siniestro» asoma detrás de todo el asunto. Sin embargo, este velo de silencio no solo afecta a esta comunidad de fotógrafos.

Instagram: el algoritmo que mutó el arte y autocensuró la creación

Y es que la cantidad de artistas, fotógrafos, creadores… que han visto clausurados sus perfiles en Instagram es enorme. Las cartas sobre la mesa: esta red social es un negocio de una compañía privada en la que aceptas unas normas para poder descargarte su aplicación y en la que a cambio de dotar de contenido (imágenes y texto) a sus servidores y de ofrecerles millones y millones de bits que radiografían tus preferencias con una precisión desasosegante, te permiten «de manera gratuita» acceder a su universo de «me gusta», comentarios, seguidores y mensajes directos.

Portada Boys! Boys! Boys! Magazine 3
¿Fear of a Queer Planet? © Cubierta del Vol. 3 de BOYS! BOYS! BOYS! y «Fly, 2017» de Babak Haghi

Pero en algún momento de la década pasada el arte (una gran parte) comenzó a crecer al amparo del insumo «si no estás en Instagram no llegas a mucha gente» y las propuestas artísticas comenzaron a homogeneizarse. Bastantes creadores, conscientes de las «Normas de la Comunidad» de la red social, han flirteado con la autocensura para poder colocar sus propuestas en el inmenso y atractivo escaparate de Instagram. Un movimiento de consecuencias inabastables (cuyo influjo merece una reflexión mucho más extensa) que está detrás de cierres inexplicables de cuentas. Y donde conceptos como pornografía, homofobia, puritanismo, salud mental, normatividad… se entrecruzan vertiginosamente en un magma censor que se inocula en el arte contemporáneo con una arrogancia pasmosa.


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